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Un telescopio del tamaño de la Tierra para tomar la primera imagen de un agujero negro

Durante los últimos días, equipos de astrónomos repartidos por el mundo se han puesto de acuerdo para observar dos objetos hasta ahora invisibles. El agujero negro que ocupa el centro de nuestra galaxia, Sagitario A*, y el que se encuentra en la galaxia vecina, M87, tienen masas descomunales, pero ocupan espacios relativamente pequeños. Sagitario A*, por ejemplo, es tan masivo como cuatro millones de soles, pero su horizonte de sucesos, el punto a partir del cual nada que lo rebase, ni siquiera la luz, podrá retornar, tiene 24 millones de kilómetros de diámetro, solo 17 veces más que el Sol. A 26.000 años luz de distancia, es un objeto diminuto.

La estrategia para captar lo que sucede alrededor de esos dos objetos oscuros ha consistido en construir temporalmente un telescopio tan grande como la Tierra. El Event Horizon Telescope (EHT), como se ha bautizado el proyecto, se ha logrado uniendo telescopios de radio de todo el mundo a través de una técnica que se conoce como interferometría. Observatorios desde el Polo Sur hasta Chile, Hawái o España se coordinaron entre el 4 y el 14 de abril para lograr cinco días completos de observación. “Necesitábamos que hubiese buen tiempo a la vez en los lugares en los que estaban los ocho telescopios que se han utilizado para la observación”, explica Rebecca Azulay, investigadora del Instituto Max Planck de Radioastronomía en Bonn (Alemania) y parte del equipo que ha pasado las últimas noches en el Observatorio IRAM del Pico Veleta en Sierra Nevada, en Granada (España).

Hasta ahora, se habían observado los chorros de partículas que salen impulsadas por la tremenda fuerza gravitatoria de los agujeros negros, pero los resultados de este esfuerzo internacional pueden llegar más allá.

Los telescopios reclutados para este proyecto permiten estudiar el universo a través de ondas de entre tres y un milímetro de longitud, una parte del espectro electromagnético que permite superar los obstáculos del gas y el polvo. Pero antes de hacerlo, los astrónomos debieron adaptar los instrumentos de observatorios que fueron diseñados para captar ondas ligeramente diferentes. ALMA, un radiotelescopio de 66 antenas ubicado en el desierto de Atacama, en Chile, también se ha empleado en esta observación.

Por ahora, el tiempo ha sido apropiado y no ha habido imprevistos. Ahora, queda un tiempo para que los datos recogidos por todo el mundo, que fueron grabados en discos duros, lleguen a los centros de procesamiento en Boston y Bonn. Los responsables del proyecto calculan que necesitarán meses para procesar toda la información recogida.

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